HOMEOPATÍA

¿QUÉ ES LA HOMEOPATÍA?

La Homeopatía es una medicina y como tal tiene el objetivo de restablecer la salud del paciente. Esta medicina basa su curación en el despertar de la propia energía vital del paciente, para que sea éste el que recupere su propio equilibrio. Para ello, la homeopatía se sirve de remedios diluidos y sucusionados procedentes del reino mineral, vegetal y animal.

 

El término HOMEOPATÍA deriva del griego “HOMOS=igual o semejante” y “PATHOS=enfermedad”

El método terapéutico occidental, nutrido en sus orígenes de las enseñanzas de Galeno se define con los términos griegos “ALO=contrario” y “PATHOS=enfermedad”

Así, podemos constatar la diferencia entre estos dos caminos de la medicina; el método terapéutico de Hahnemann consiste en el uso de una sustancia farmacológicamente activa que, capaz de producir a dosis tóxicas una serie de síntomas determinados, a dosis mínimas o infinitesimales cura y restablece síntomas iguales o semejantes.

La comprobación de este fenómeno ya fue descrita por Hipócrates 18 siglos antes “la tintura de cantárida produce y es capaz de curar la estranguria (cistitis)”.

A finales del siglo XVIII, concretamente en 1792, Hahnemann, el padre de la homeopatía, formuló el principio que constituye el pilar básico de esta técnica; el Principio de la Similitud:

Similia Similibus curantur; los semejantes se curan con los semejantes

Hahnemann escribió más de 160 libros en los que dejó reflejada toda una doctrina terapéutica. Dando a conocer su investigación en el 1810.

La Homeopatía es un método terapéutico reconocido internacionalmente, incluido en algunos países dentro del sistema nacional de salud y del que se imparte docencia en numerosas escuelas y universidades. En el estado español, al igual que en el resto de países de la Unión Europea, los productos homeopáticos son medicamentos regulados por el Ministerio de Sanidad y Consumo: (Real Decreto 2.208/94, de 16 de noviembre de 1994, publicado en el B.O.E. de 28 de noviembre de 1994).

Este método terapéutico es válido para humanos, animales y plantas. La prescripción del remedio adecuado se basa en la recogida de todos los síntomas del paciente en un determinado orden de prioridad.

 

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¿POR QUÉ HOMEOPATÍA?

La Homeopatía o Medicina Homeopática es una medicina holística, integral, psicosomática, porque estudia y analiza al enfermo como un todo, como un  ser humano bio-psico-social que está relacionado estrechamente con el ambiente que lo rodea.

Todo ser humano, en forma natural, tiene su propio sistema de defensas; lo que modernamente se denomina sistema inmunológico. Ese sistema inmunológico es estimulado, en forma dinámica, por el tratamiento homeopático, para ir logrando el equilibrio del principio vital y de esa manera ayudar al paciente a curarse de las enfermedades agudas y crónicas curables y aliviar las incurables.

La enfermedad es la reacción vital dinámica, que se expresa en el paciente, debido a factores internos psicológicos, generales o físicos o a factores externos, que guardan relación directa con las tendencias y predisposiciones para manifestarse la enfermedad o enfermedades.

El sentido de la curación en medicina homeopática se realiza de dentro hacia fuera, de la mente al cuerpo, de arriba hacia abajo, de órganos más importantes a órganos menos importantes. Por ejemplo, un paciente que sufre de Asma Bronquial, para curarse, podría presentar una erupción en la piel, siempre tratando de eliminar o expresar hacia la parte más externa del ser humano enfermo la manifestación interna de la enfermedad o enfermedades. Es bastante frecuente que personas que han recibido otros tratamientos para una Dermatitis Crónica, por ejemplo, posteriormente comienzan a presentar Asma Bronquial. De acuerdo a la Homeopatía, se considera que en esos casos la Dermatitis fue “suprimida” y la enfermedad fue internalizada en forma de Asma Bronquial. En algunos casos, para lograr luego la curación del Asma Bronquial, puede regresar la Dermatitis que fue suprimida antes. Si así fuese, se trata la Dermatitis con Homeopatía hasta que el paciente se cure totalmente. Lo antes expuesto es aplicable en muchas enfermedades.

Si la enfermedad crónica es curable, el enfermo irá restableciendo su salud durante el tratamiento homeopático, dependiendo del tiempo de evolución de los trastornos, de las tendencias y predisposiciones para enfermarse de determinada manera y no de otra, de los factores desencadenantes, de la capacidad de respuesta de los órganos y sistemas para volver a la normalidad y de la constancia durante el tratamiento, entre otros factores.

El tratamiento homeopático no es para tratar los síntomas del enfermo solamente; el tratamiento homeopático tiene como meta fundamental; la verdadera curación de los enfermos, porque los medicamentos homeopáticos actúan sobre planos energéticos y dinámicos muy profundos del ser humano que pueden modificar las tendencias y predisposiciones para enfermarse los seres humanos. Este concepto es muy importante que sea entendido.

Los niños, que como sabemos, son seres humanos en la etapa de crecimiento y maduración integral psico-somática, es decir, mentales y físicos, generalmente tienen una respuesta muy favorable y positiva cuando reciben tratamiento homeopático y además los remedios homeopáticos no producen nunca efectos colaterales ni efectos tóxicos de ninguna naturaleza. La fiebre es un mecanismo de defensa del cuerpo; lo ideal sería no tomar medicamentos para bajar la fiebre. Si un niño en tratamiento homeopático por una fiebre alta y que ya tiene 3, 4 ó 5 días y no baja, lo recomendable es consultar de nuevo para seguir la evolución. Lo expresado acerca de la fiebre, también es válido cuando, por ejemplo, el niño presente tos persistente, dolor de oído, de garganta, de estómago, vómito, diarrea, dificultad respiratoria, etc.

La Homeopatía es un sistema médico de prevención y curación, que es utilizada actualmente, con excelentes resultados, en la mayor parte de los países del mundo. Es un sistema completo, autónomo e independiente, con sus Leyes y Principios que le son propios. La Homeopatía puede administrarse si está medicándose con fármacos alopáticos (puede contrarrestar los malos efectos de estos químicos), así como no resta efecto a las flores de Bach, aromaterapia y otras terapias.

Lo que hace la homeopatía es acompañar al paciente en su trastorno con su constitucional o con el remedio regulador de su desequilibrio físico, emocional y/o mental.

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¿CÓMO SE PRESENTA Y SE ADMINISTRA LA HOMEOPATÍA?

Los medicamentos homeopáticos son prescritos en forma de glóbulos, gránulos o goteros También en forma de polvo, tabletas, cucharadas y ampollas.

Cuando son administrados por vía oral, no deben tocarse con las manos; se disponen debajo de la lengua y se espera más o menos media hora antes de ingerir cualquier tipo de alimento o bebida. En el momento de recibir el remedio homeopático, la boca debe estar sin restos de comida, café, cigarrillo y substancias químicas en general. El paciente en tratamiento homeopático debe evitar menta, mentol, alcanfor y manzanilla porque estas substancias pueden neutralizar al medicamento. Se recomienda esperar que en la boca no haya restos de pasta dental después de lavarse los dientes. Al terminarse las dosis indicadas, el remedio homeopático continúa haciendo efecto porque es de acción prolongada y no debe ser repetido. Para que el médico haga otra indicación de remedio homeopático el paciente debe volver a consultar para ser evaluado.

Los remedios homeopáticos no producen ningún efecto colateral. Cualquier trastorno agudo que presente el enfermo durante el tratamiento homeopático para trastornos crónicos, puede ser tratado por el Homeópata con medicamentos homeopáticos. Si por algún motivo el paciente en tratamiento homeopático recurriera a otro sistema médico de curación, no hay ninguna reacción, choque, intoxicación, alergias, incompatibilidad ni efectos colaterales.

¿CÓMO ACTÚA?

Cuando un paciente recibe un medicamento homeopático, estimula la  energía vital del enfermo y así también sus fuerzas curativas. El ser humano enferma al producirse un desequilibrio en la energía vital. El medicamento homeopático equilibra esa energía vital para lograr restablecer la salud. La curación es rápida cuando el trastorno es agudo. Cualquier enfermedad aguda, infecciosa o no, puede ser tratada con medicamentos homeopáticos. Cuando el trastorno es crónico el tratamiento homeopático requiere de más tiempo.

Los remedios homeopáticos se preparan de acuerdo a una técnica especial de dilución, sucusión y dinamización, adquiriendo así una energía que actuará sobre el principio vital del paciente para lograr la curación de las enfermedades curables y el alivio y la mejor calidad de vida para las incurables.

Todo ser humano presenta tendencias o pre-disposiciones para enfermarse de determinada manera. Esas tendencias pueden ser modificadas de manera progresiva, en el transcurso del tratamiento homeopático, en los casos crónicos, dependiendo de cada caso. Es imposible saber en cuánto tiempo se curarán las enfermedades curables del paciente. Cada enfermo tiene su respuesta particular al tratamiento homeopático. Por eso, ante esa pregunta, la respuesta es esperar que los medicamentos homeopáticos indicados vayan haciendo su efecto.

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CONSULTA HOMEOPÁTICA

Para individualizar a un paciente y prescribirle un remedio homeopático personalizado de acuerdo a sus propias características y modalidades, el Homeópata hará una Historia Clínica de acuerdo al Sistema Médico Homeopático.

En la elaboración de la Historia Clínica Homeopática, es muy importante que el paciente exprese todo lo que siente, porque todos los síntomas mentales, generales y físicos deben ser analizados. Todos los síntomas que el paciente expresa en la consulta, son consideradas características, que con sus modalidades, aportan la información para la selección del remedio homeopático.

 

HAHNEMANN

Nacido en 1755 en la ciudad sajona de Meissen, Christian Samuel Hahnemann es mejor conocido como el padre de la homeopatía moderna (aunque los inicios de esta se remontan varios siglos antes de nuestra era).

Graduado en medicina química, Hahnemann pronto se manifestó como un absoluto detractor de todo cuanto había aprendido llegando a abandonar el ejercicio de la medicina y dedicándose a la traducción de textos médicos extranjeros al alemán. Y fue precisamente uno de estos textos, el de un tal Cullen, el que le puso en el camino correcto para su posterior teoría de las similitudes, afianzada por el recuerdo de las teorías de Hipócrates.

Según las enseñanzas de esa época, la malaria se combatía eficazmente con la corteza de quina ( China officinalis ), comúnmente conocida como quinina, cosa que contradecía sensiblemente con sus propias experiencias. Resuelto a demostrar el error de dicho tratamiento decide ingerir el mismo trece gramos diarios de quinina. Después de varias semanas comienza a sentir los mismos efectos que si tuviese la enfermedad. Después experimenta el mismo tratamiento con sus familiares y amigos, siempre con el mismo resultado, lo que le impulsa a ensayar nuevas drogas, primero en estado puro y luego diluidas.

Armado de estos novedosos resultados, Hahnemman publicará en 1796 su primer artículo sobre la ley de las similitudes en el periódico Hufeland, y al mismo tiempo utiliza la palabra patogenesia para explicar su teoría. Su entusiasmo le lleva a experimentar con otras sustancias venenosas como la belladonna, el acónito, el digital y el mercurio; explica todas las patogenesias y en 1810 publica la primera edición del Organón, el primer tratado de homeopatía clínica del mundo.

Diez años después, y con un arsenal de experiencias positivas a su haber, Hahnemman publica la Materia Médica pura, en el cual habla de todas sus teorías, de sus sesenta y siete remedios concretos y de los experimentos clínicos llevados con toda rigurosidad en sus familiares, amigos y hasta en él mismo.

En 1828 publica cinco tratados nuevos, cada vez más complejos y alejados de la medicina oficial, y en ellos habla de recidivas mórbidas, la teoría diastésica, el terreno mórbido y la necesidad de individualizar totalmente los tratamientos, incluso ante una misma sintomatología.

Todo esto le lleva a revisar su primitivo Organón en 1842 y recomienda incluso trabajar con diluciones cincuentamilesimales. Hahnemann llegó a pensar que no existía límite para las diluciones, siempre y cuando se realizara una cuidadosa sucusión del recipiente en cada fase. Con ello pretendía evitar cualquier efecto tóxico y emplearlas en los padecimientos psíquicos. Pero sus condiscípulos no estaban de acuerdo y se limitaron a trabajar con las diluciones decimales o centesimales, no pasando generalmente de la 30CH.

Hahnemann nunca permitió aislar el cuerpo de su mente y de su espíritu, y esta trilogía de la personalidad humana debía tratarse si es que se quería verdaderamente curar al individuo por completo. La enfermedad, añadía, no era sino una desarmonía en el conjunto y no un solo órgano el afectado, llegando a considerar a los microbios más bien como señales de alarma que como enemigos de la salud, por lo que había que combatirlos con las propias defensas orgánicas y nunca con antibióticos.

Fuertemente criticado por los farmacéuticos de su época, llegó a vivir casi como un recluso en la ciudad de Kothen, centrándose exclusivamente en su consulta, la cual le permitió vivir económicamente con dignidad, trasladándola posteriormente a París, en donde le reconocieron sus méritos. Allí acudieron gente de todo el mundo, banqueros, personajes de la aristocracia, aunque nunca olvidó su humilde origen como hijo de un modesto decorador de piezas de porcelana y abrió una consulta dedicada exclusivamente a la gente pobre.

Murió a la edad de los ochenta y ocho años, en una época donde la esperanza de vida apenas superaba los cincuenta años.

HISTORIA DE LA HOMEOPATÍA

La homeopatía fue propuesta como un nuevo método terapéutico por el médico alemán Samuel Hahnemann (1755-1843), quien lo concibió entre los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX, publicando la primera edición de su obra magna, Organon der rationellen Heilkunde, en 1810. Hahnemann la presentó como respuesta a la terapéutica predominante de la época, identificada por él como sistema alopático o alopatía, en contraposición a su propio sistema. Aunque ramas del saber médico como la anatomía y la fisiología habían dado importantes pasos para convertirse en científicas, sobre todo desde el Renacimiento, la terapéutica seguía siendo dominada por las enseñanzas de Hipócrates y de Galeno, y se venía tratando a los enfermos mediante medidas extremas como purgantes, eméticos (vomitivos) y, sobre todo, sangrías —extracción deliberada de sangre—, a menudo hasta el límite del desmayo. Una evaluación con los conocimientos actuales de esta etapa de la historia del arte terapéutico lleva a la conclusión de que los médicos estuvieron haciendo más mal que bien durante esos casi dos mil años.

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La propuesta de Hahnemann resultaba mucho más benigna, porque desde el principio propuso la utilización de preparaciones muy diluidas, aunque no tanto como las que se han venido usando después, precisamente para evitar los efectos negativos.

A mediados del siglo XIX la terapéutica convencional comienza a valerse de los resultados de la investigación científica, sobre todo los de la biología y la química, identificando la causa de muchas enfermedades como resultado de agentes infecciosos, y empezando a examinar estadísticamente los datos epidemiológicos. El desarrollo de métodos estadísticos y experimentales, como la prueba controlada aleatoria, para la evaluación de las medidas terapéuticas, ha alejado a la medicina del siglo XX del estado de cosas que conoció Hahnemann. En contra de los reproches de éste, ni entonces ni ahora, los recursos terapéuticos se buscan entre los que provocan síntomas opuestos a los del paciente, que es lo que quiso dar a entender con el término alopatía.

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